lunes, 28 de enero de 2013

U R R A C A S





Esta malvada (u otra como esta) se estuvo riendo de mí durante más de un mes el pasado año. La vi en los bordes salientes de la fachada de enfrente, en mi terraza, en el patio interior donde aparcan los coches y, en fin, un poco por todas partes en torno a mi casa. Nunca pude llegar a fotografiarla. Por más deprisa que fuera a por la cámara o tomara el móvil para poder capturar su imagen, la muy malina emprendía el vuelo dejándome con un palmo de narices.
video 

Mi empeño en obtener su imagen en una terraza casera se debía a lo insólito para mí y supongo que para otros hasta ese momento: antiguamente la urraca era un pájaro rural, de campo, pero poco a poco se ha ido acercando a las ciudades. En mi recuerdo, su imagen va ligada a los encinares de la dehesa, de ahí mi extrañeza al verla -ya capitalina ella- en un entorno urbano.



Hace ya bastantes años leí que por el Valle de Los Pedroches se estaban multiplicando a pasos agigantados hasta convertirse en plaga. También, que siendo propias del sur y de temperaturas cálidas, estaban llegando cada vez más al norte. Actualmente se encuentran distribuidas por toda la península, aunque no suban más arriba de los 1500m, pero últimamente están colonizando zonas donde hasta hace poco eran desconocidas. Pertenecen a la familia de los córvidos y también se las llama picarazas, picazas o muñoncitos.
La urraca es un pájaro reconocible muy fácilmente, no sólo para mí, habituada a verlas desde pequeña, sino en general: su plumaje blanco y negro, así como su larga cola y su robusto pico de color negro, contrastan en la distancia y hacen fácil su identificación.
Las urracas normalmente viven solitarias o en pareja, aunque a finales del invierno y principios de primavera pueden verse  en grupos ceremoniales cuyo propósito aún no ha sido comprendido. Gritan, saltan por las ramas y se persiguen unas a otras. El instinto de almacenar, común a todos los córvidos, está altamente desarrollado en estas aves.
Haciendo averiguaciones sobre estos pájaros me he topado con alguna contradicción: por una parte leo que es un ave “de interés especial” según el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y, por otro, que se están convirtiendo en auténtica plaga. 
En esta ocasión creí que definitivamente la tenía, pensé que al menos la cazaría al vuelo, pero, qué va, ni eso.
En todo caso, entre los cazadores no es demasiado popular, más bien al contrario: su carne no es apreciada en absoluto, en cambio destruye su entorno: roba nidos de otras aves (huevos y polluelos recién nacidos). Ahora, desde que conozco este dato, se me están haciendo antipáticas y las recuerdo con horror -cuando tanto me gustaba mirarlas- hace unos años en los mismos  álamos negros donde anidaban los gorriones, delante de mi casa, en Conquista. Ahí me percaté por primera vez de cómo iban ampliando su territorio.

Como decía al comienzo de mi escrito, el pasado año hice múltiples intentos, todos vanos, de capturar su imagen. Pondré aquí debajo algunas fotografías fallidas. 


Aquí, la cornisa vacía; ya había volado.





Aquí también estuvo posada décimas de segundos antes
Al menos me quedó el consuelo del gorrión a través del cristal



Definitivamente no fue posible. Al fondo, palomas, pero de urracas, ni rastro.

Ayer, volví a verlas en torno a mi casa, en los árboles de mi calle. Se trataba de una pareja y, una vez más, fueron más rápidas que yo desapareciendo y dejándome  con cara de boba.


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Cuatro días después de publicar esta entrada y revisando fotos, descubro que en una sí aparece una de estas urracas a las que tanto perseguí. Se ve arriba a la derecha.  Es verdad que estaba yéndose, pero ¡la cacé!

jueves, 24 de enero de 2013

HISTORIA CORTA




El otro día estaba escuchando un programa de radio donde pedían que se enviaran textos. Éstos deberían constar de muy pocas líneas y el oyente/escritor tenía que continuar la historia comenzada por ellos.
Desde que Augusto Monterroso escribiera su famoso cuento "más corto del mundo"(1) (luego han intentado superarlo) están de moda las historias o cuentos cortos.
El programa lo hacen en colaboración con la Escuela de Escritores, que forma parte del jurado y entre todos eligen, de entre los muchísimos que reciben, los tres mejores. Los dramatizan, es decir, los leen locutores profesionales, le añaden música apropiada de fondo y los votan. Los autores elegidos semanalmente salen en antena y pasan a competir entre sí para elegir al mejor del mes y así sucesivamente hasta conseguir el mejor del año o de la temporada (esto último lo supongo porque no me consta).
La historia que proponían comenzaba así: "Mientras sueltas las pastillas en las tierras altas..." A partir de ahí, había que continuar.
A mí me pareció un poco insólito, estaba trajinando en la cocina y ni siquiera estaba segura de haber oído bien. No obstante, cogí la tiza que siempre tengo a mano para anotar cualquier cosa y escribí en la pizarra lo que creí haber oído.
Yo lo continué así: 

Mientras sueltas las pastillas en las tierras altas, avisaré a Juan para que se acerque a sacar las cabras y que suban al monte. Después iremos con el equipo de filmación.

Por supuesto, ni se me ocurrió enviarlo.


(1)  Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Augusto Monterroso (1921-2003).

miércoles, 16 de enero de 2013

...Y OTRA VEZ AL SUR

De nuevo, viajo a Andalucía. Son ya incontables esos trayectos, tengo la sensación de que toda la vida he estado haciendo eso: bajar al sur, subir después hacia el norte, a Madrid, Albacete, Toledo... Pero cada vez es distinto. En primer lugar, depende de la época del año. Esta vez ha sido a mediados de enero y, en esta época, hacía tiempo que no viajaba. Durante muchos años lo he hecho para pasar el fin de año pero hace algún tiempo que me quedo en casa para esas fechas. En esta ocasión, una vez más, he visitado mis dos lugares más frecuentados: el norte de Córdoba -mi pueblo- y el sur de Huelva -la costa-.

En cada viaje los placeres se renuevan y no por conocidos dejan de sorprenderte: el olor a leña de encina quemándose en la candela, oír crotorar a las cigüeñas sin llegar a verlas, contemplar la inmensa dehesa entre brumas y un gris que cubre cielo y tierra. Después, cuando la neblina va subiendo y se van dibujando las copas de las portentosas encinas, distingues también el aleteo de las zancudas en su atalaya y las cuentas para ver cuántas han venido este año.




La niebla se va retirando poco a poco, aunque todavía no deja ver la profundidad de la dehesa.




El pueblo huele a humo y a especias de matanza. Dicen que el letrero puesto en las columnas de los bares y que reza "Se hacen matanzas a domicilio" ha sido fotografiado y subido a internet por un sorprendido turista accidental.

La estancia ha sido breve pero suficiente para calmar la retina y el espíritu. Antes de dejar la dehesa, paramos en Cardeña para tomar un café en Casa Lucas, bar de la plaza con más de setenta años de antigüedad y convertido ahora en restaurante.

Pasada Sevilla comprobamos que han terminado de perpetrar un crimen seguramente inevitable: han ampliado un carril de la autovía que la une a Huelva y han desaparecido las adelfas. Siempre me sorprendía y maravillaba esa ancha cinta multicolor serpenteante que humanizaba el asfalto y que luego ha sido tan copiada.

Los primeros azules
A medida que nos acercamos a la costa, observamos los paulatinos cambios: cada vez hay más naranjos, preñados en esta época del año, cada vez menos mares de pinos y más de plástico.

Pero también aquí hay renovación de placeres: la primera vista de la playa, los primeros azules, las primeras pisadas matinales en una arena virgen de huellas, el rumor incesante de las olas, el viento salino frotándose contra tu cuerpo en un abrazo envolvente. Comprobar cómo clarea la línea del horizonte, dando la razón a Carlos, mi maestro de pintura.


Línea del horizonte con Mazagón al fondo.
Arena virgen de huellas




En esta época del año sólo hay algunos paseantes despistados, algún deportista, alguna pareja curiosa y  buscadores de coquinas con los pies hundidos en el lugar donde baten las  olas. También a primera y última hora, pescadores sentados en la orilla sin perder de vista el posible movimiento de sus cañas clavadas en la lisa y mojada arena.
Y, por qué no, las primeras coquinas,  las primeras cigalas, vivas unas horas antes




Otra desagradable sorpresa: así eran las aceras de Mazagón.








Así van a quedar. No han sido capaces de preservar los magníficos pinos.




Testigo de la visita a la mayor de las tres carabelas de Colón, la Santa María. Sensación de angustia al pensar en qué cáscaras de nuez (eso sí, las naves más modernas de la época) se embarcaron para "descubrir las Indias"


También quiero dejar constancia de nuestros hallazgos micológicos, perfecta excusa en esta ocasión para visitar una, vez más, mi querido sur.









Mientras regresaba, con la sensación todavía del sol de enero en la cara  y el suave acento andaluz de mis queridos amigos resonando en los oídos, me pregunto qué hago yo viviendo lejos de aquí.