- Antes de que mi hijo Alberto se pusiera a organizar su podcast “La Cocina”, hizo una prueba con su padre y conmigo. Alternativamente, se metió con uno y otro en nuestra cocina para hacernos una entrevista. Puso todos los cachivaches encima de la mesa y grabó.
- Una de las preguntas que me hizo fue “cuál fue la primera película que viste?, qué recuerdo tienes?”. Se sorprendió cuando le dije que la primera había sido en Conquista. Lo relaté en uno de mis últimos post, en una “Carta a mis nietos”.Le hablé del “salón”, en el que se celebraban bodas y bailes (hasta que un cura los prohibió) y se representaban obras de teatro. Gracias a ese cura prohibidor, más tarde tuvimos cine. Por supuesto las películas las elegía él.
Pues sí, seguramente la primera película que vi fue en mi pueblo. Yo debía tener unos seis o siete años y apenas lo recuerdo, pero lo que no he olvidado ni olvidaré es la sensación de estar fuera de mi casa y acompañada de mi padre y mi madre. Juntos. Yo (sí, yo primero) y ellos conmigo. Esa sensación de bienestar y seguridad no fue luego tan frecuente, por no decir que rara vez se volvió a producir. Hubo más películas con mis padres, pero pronto dejaron de acompañarme. Yo seguí yendo al cine con mis amigas.
Y de ahí, un salto a Madrid, al cine en Technicolor con mis primas pequeñas y mi prima Margot (en realidad, prima hermana de mi padre). Margot hacía prácticamente de niñera o de “señorita de compañía”, como se decía todavía entonces. Con ellas íbamos a cines del centro, cines caros. Cuando empecé a moverme por mi cuenta, además de mi propio barrio, lo hacía también por Goya, que era donde me llevaba el autobús desde Moratalaz, y sobre todo por el Puente de Vallecas, donde me llevaba otro medio de locomoción, esta vez un autobús o camioneta, la P-13, creo recordar. Algunas veces iba andando hasta los cines para ahorrarme el billete. Recuerdo el Cine Río y Excelsior, en la avenida de la Albufera donde, para ver “Lo que el viento se llevó” me puse unos taconcitos y un moño de plátano, tipo italiano, y parecer mayor. Había leído el libro con catorce años a hurtadillas en la playa durante el verano mientras los demás salían del apartamento y durante las siestas y me moría por ver la peli.
También me hice la mayor para ver “Esplendor en la hierba”, que me conmovió hasta dejarme hecha polvo y enamorada de los dos guapísimos protagonistas, Natalie Wood y Warren Beatty. Recuerdo los aspavientos de doña Margarita, mi profesora de taquigrafía cuando una alumna con 18 años cumplidos, claro, le dijo que había visto la película. La profesora afeó su atrevimiento, ya que había oído decir que era para “18, con reparos”, es decir, peligrosísima. A mí me gustaban las películas para mayores y no las de Marisol o Rocío Durcal.
Con veintipocos años me marcaron dos películas: "Los Girasoles" con Sofía Loren y Mastroianni, donde me di una tupitina de llorar, y "Jhonny cogió su fusil". Antes, durante y después ha habido muchas películas, de todo tipo. Siempre he disfrutado con el cine.








