Desde Guadalajara nos fuimos a hacer la ruta de los Pueblos Negros o Pueblos de la arquitectura negra. Se llama así por el color de la piedra de las construcciones: pizarra negra. La zona está situada al noroeste de la provincia, en el vértice de las provincias de Madrid, Segovia y Soria. Tomamos la CM-1004 hasta Tamajón. Desde ahí parten dos ramales, uno llega hasta Majaelrayo y el otro termina en Valverde de los Arroyos.
Entre los dos ramales suman diez o doce pueblos mínimamente poblados. La mayoría no llega al centenar de habitantes, quedándose muchos en pocas decenas.
Nosotros no teníamos nada decidido. Queríamos adentrarnos en la región en plan tranquilo, disfrutando del paisaje y de la arquitectura. Yo, sabiendo que era temporada y lugar de setas, no descartaba hacer alguna incursión entre los pinares para probar suerte.
Mientras pensábamos qué dirección tomar, paramos en Tamajón a tomar un café. Se nota que últimamente van muchos turistas por la zona pues un simple café vale 1,50 €, o eso al menos es lo que nos cobró la señora que atendía el único bar abierto que había en el pueblo.
Lo recorrimos de cabo a rabo y sólo nos cruzamos con una persona, cosa no demasiado extraña teniendo en cuenta que el pueblo sólo cuenta con 148 habitantes, según los últimos datos.
Toda la zona está prácticamente despoblada, como he dicho. Tiene más actividad los fines de semana, cuando se acercan hasta allí muchos turistas, fundamentalmente madrileños. Hay profusión de casas rurales casi en cada núcleo de población.
Aquí abajo la ermita Virgen de los Enebrales de Tamajón. Aunque dice la leyenda que sus puertas deben estar siempre abiertas, cual mesón, nosotros las encontramos cerradas, así que no pudimos contemplar a la patrona que guarda, llamada "la serrana".
La ermita se construyó en el XVI, mas luego fue reformada en el XVIII; la virgen toma el nombre de los muchos enebros que hay por la zona. Al norte de la ermita se encuentra un interesante enebral y sabinar.
Decidimos que iríamos primero hacia Majaelrayo y luego pensaríamos si tomábamos el otro ramal o no. Así que teniendo esto en cuenta cogimos la Gu-186. El siguiente pueblo, ya totalmente construido en pizarra negra, era Campillejo. Después nos quedaba El Espinar y Campillo de Ranas hasta llegar a Majaelrayo, lugar de destino. Nos paramos en todos ellos y de todos hicimos gran profusión de fotos. No las pondré todas.
Todas las anteriores pertenecen a El Espinar.
Aquí nos paramos a tomar un aperitivo. El entorno propiciaba pecar, así que nos pedimos un chorizo a la brasa que nos supo a gloria. Estuvimos con dos personas más en el bar, además del agradable camarero, por lo que aquello nos pareció un gentío.
Esta curiosa forma de construir los cercados se repetía por toda la zona.
Como era un posible punto final de nuestro recorrido nos dirigimos hacia el norte para disfrutar del pueblo y del precioso paisaje otoñal desde arriba. Allí descubrimos un camino rural con buen firme. Preguntando dónde nos llevaría nos dijeron que a Cantalojas, en plena sierra de Ayllón. ¿Había conexión con Valverde de los Arroyos, el extremo del otro ramal? Sí, la había. No lo dudamos. También nos tentaba el hayedo de la Tejera Negra, en el que casi estábamos, pero, como siempre, había que optar.
Llegamos a Cantalojas a buena hora para comer. La población cuenta con unos 150 habitantes, pero dispone de varios hoteles, apartamentos, casas rurales, hostales
y todo tipo de viviendas para albergar a los turistas de fin de semana y veraniegos. Ahí nos paramos a comer. Tenían, entre otras cosas apetitosas, unos boletus edulis que por supuesto probamos. La ocasión era propicia.
Y continuamos haciendo la ruta de esta otra derivación hasta volver a la originaria bifurcación en Tamajón. Antes, había que pasar por Galve de Sorbe y allí nos encontramos con
¡un castillo del XV! Una mujer nos informó de que el camino que llevaba hasta él estaba transitable y también de que los gamberros destruían los arreglos que el dueño, un empresario al que pertenecía, llevaba a cabo cada cierto tiempo. Después, husmeando en la prensa (ya que me sorprendió la belleza de esta torre del homenaje), he averiguado que la administración ha iniciado trámites para una sanción al propietario por infracción al patrimonio. Su estado actual es de abandono.
El pueblo de Galve de Sorbe visto desde el castillo.
Y su cementerio:
Dejamos Galve y nos dirigimos hacia Valverde de los Arroyos, final de la ruta (o comienzo, según se mire) del otro ramal. Igual que con la anterior, paramos en cada pueblo.
Valverde de los Arroyos |
Ya os comenté al principio que mi idea era pasear un poco el bosque. Lo hicimos. Disfrutamos de paisajes otoñales solitarios y sí vimos alguna seta, pero poca cosa. Según los lugareños, no abundaban, no había llovido a tiempo. Aquí van unas cuantas fotos.
Volvíamos a Guadalajara cuando el sol empezaba a desaparecer dejando este cielo.
El viaje fue fructífero. Además durante el mismo terminé de leer Patria de Fernando Aramburu (recomendable para quien le interese la situación vivida en el País Vasco, cuando Eta campaba a sus anchas).