Está
previsto que a lo largo del sábado un frente frío de
origen atlántico recorra
rápidamente la Península de oeste a este, produciendo un cambio de tiempo importante respecto a los días
anteriores.
El elemento adverso más
destacado será el viento que podrá alcanzar rachas muy fuertes, entre 80 y 110 km/h , en muchos puntos
de la Península, especialmente en litorales y zonas altas. La zona más afectada
será el noroeste peninsular la madrugada del sábado, desplazándose
progresivamente hacia el este a lo largo del día y al área mediterránea por la
tarde y noche. Durante la primera mitad del domingo todavía afectará a las comunidades
mediterráneas peninsulares y en menor medida a Baleares, aunque con tendencia a
amainar.
(http://www.eltiempo24.es/noticias/2014/01/03/el-tiempo-aviso-especial-temporal-de-viento-y-mar/)
Estas son las noticias que había para este sábado 3 de enero de 2014.
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Después del desayuno, me he puesto a pintar. Como ahora no voy a clase, estoy haciendo experimentos en casa. He cogido un cartón y con las acuarelas de cuando los hijos iban al colegio, he empezado a ensayar un paisaje. Nunca lo había intentado con acuarela, excepto un cuadrito minúsculo que pinté en Conquista con unas acuarelas de mis nietas. (Como pincel utilicé en aquella ocasión un brochita vieja recortada que encontré en un cajón).
Al poco tiempo el cielo se puso tan oscuro que ya no se veía. Decidí bajar a andar un poco porque últimamente paso demasiado tiempo sentada.
Las rachas de viento eran fuertes e intensas, si venían de frente notabas su freno y si de espaldas, su empuje. Había poca gente por la calle, mi barrio no es zona de comercio y suele ser tranquilo. Los pocos transeúntes iban bien abrigados. A las mujeres que no llevábamos el pelo cubierto se nos alborotaba, tapándonos la cara.
La acera del parque estaba llena de hojas de álamo, ocres, tiesas y secas, como si acabaran de caer. El viento jugaba con ellas a su antojo. Al andar, empezaban a alejarse todas como si fueran huyendo de ti. De pronto se paraban a lo lejos, hacían un par de remolinos y volvían a enredarse en los pies pareciendo querer servir de alfombra.
Pero no todo eran hojas limpias, en cualquier rincón que formara un recodo, se formaban montones de hojas, ya menos tersas y más pesadas y, entre ellas, bolsitas de plástico de todos los colores, tiques de los parquímetros y todo tipo de papelillos y envoltorios.
El cielo era cada vez más oscuro pero no rompía a llover. Lo ha empezado a hacer ahora, justo cuando he llegado a casa y escribo esto. Estoy con la luz encendida y veo llover a través de la ventana.
Toledo, 3 de enero de 2014, 12.40 h