
Vivo la dulce espera de un nuevo nieto. Será el tercero. Ya tengo dos nietas de mi hija, pero este es de otro hijo y además será varón, así que es un poco como si volviera a ser el primero otra vez.
Mi nieta Daniela hace algún tiempo que me da besos espontáneos y Leonor, siempre tan madura, me sorprende continuamente con cosas de niña grande, de adulta, incluso.
Ahora también por primera vez estoy experimentando lo difícil que es llevar a un lienzo lo que capta la vista, lo percibido por una mirada. Estoy intentando mi primer paisaje al óleo. Cuando lo tenga terminado, vendrá pintiparado para ilustrar mi escrito "El camino". Solo habría que poblarlo de algunas encinas para adehesar sus lomas.
Son nuevas experiencias que me tienen embelesada. ¿Será por eso por lo que no hace acto de presencia la inspiración?