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martes, 9 de agosto de 2016

GRITOS

Hoy quiero escribir sobre gritos. De nuestro volumen al hablar. De la diferencia con otros países de nuestro entorno. Y sobre todo, de cómo gritan los niños en general, pero hoy quiero hablar de los niños gritando en la piscina.

Como es un tema que me preocupa (y me asombra) mucho, he buscado en mis entradas anteriores (muy por encima, la verdad) para ver si había hablado ya de este asunto. He metido la palabra "grito" y le he dado a buscar. Sí, como me temía, ya lo había citado. Efectivamente el 3 de marzo de 2014 escribí "La mala educación", donde hablo de lo que indica el título y, entre otros malos hábitos, el de hablar en tonos altísimos. También me aparece esa palabra en otro post que escribí el 20 de julio de 2015 y que llamé "Hospitales españoles", así que me voy a repetir en algunas cosas, pero seguro que ya no os acordáis de aquellos posts y además hoy me voy a centrar en los niños.

¿Por qué en los niños? Porque este verano estoy en contacto con ellos en las terrazas, en la piscina, etc.

La piscina de mi casa es comunitaria, pertenece a los vecinos de diez portales, por tanto debería estar siempre llena, pero no es así. Al contrario, está casi siempre vacía. A mí (con la edad van cambiando los gustos) ya no me gusta la piscina. Sólo bajo en las pocas ocasiones en que vienen mis nietos. Pero ¡ay! este verano he tenido otra vez hospitalización de un familiar próximo y eso ha sido durante los bochornosos días de finales de julio-principios de agosto. Al llegar a casa, física y mentalmente, necesitaba un chapuzón y unos largos, aunque fuera de forma apresurada, para encontrar un poco de paz y relax.


La mayoría de las veces he nadado sola, nadie me acompañaba en la cubeta. En las escaleras que descienden al gran vaso de la piscina, algún padre con críos pequeños. Algunos algo mayores también divirtiéndose en la piscina de los "peques", otros a la sombra de algún árbol... en fin, como mucho algunos días llegábamos a ser diez personas, otros, menos. Cualquiera de nosotros nos podríamos oír con un susurro o bien hablando de forma natural, como hace cualquiera en su casa. Nada de eso. ¿Qué es eso de hablar sin gritar, con otro niño que está a 50 centímetros de ti? ¡Ni hablar!, eso se hará en otros países, aquí, ya que estás en la piscina divirtiéndote tienes que estar desgañitándote, sí, haciéndote daño en las cuerdas vocales, como si tuvieras que pedirle la toalla a una persona que está a un kilómetro.  Eso parece ser lo normal. Los adultos lo hacen pero lo de los niños y adolescentes es algo inconmensurable. Esa es exactamente la palabra porque efectivamente no creo que haya aparato capaz de medir tanto decibelio. ¿Pensáis tal vez que los padres aconsejaban a los niños no dar chillidos? Qué va, en ningún momento, ninguno de los días he oído a ningún padre decir a ningún niño que baje la voz. Tampoco en las terrazas, restaurantes, bares, o en la misma calle. Nunca -salvo rara excepción- he oído a  padre alguno recomendar no forzar de esa manera el aparato fonador. 
Cuando he comentado este asunto -ya he dicho que me preocupa y sorprende (además de molestarme)- con alguna persona teóricamente familiarizada con niños, me dicen que es imposible de conseguir. "Los niños son niños" me suelen contestar. Siempre respondo lo mismo. Por motivos que no vienen al caso, he convivido mucho tiempo con niños en otros países. En Francia sobre todo pero también en Alemania y Suiza y en ningún sitio hablan a gritos. Claro que cuando están en los jardines, al aire libre, no hablan como en casa, pero jamás con el volumen que aquí. Y en los interiores, en cualquier sitio, sobre todo si hay otras personas, hablan de forma que si estás sentado en la mesa de al lado, no sólo no te molesta, sino que no llegas a oír qué dicen. No les gusta, si no te conocen, que puedas oír sus conversaciones; aquí, en España, sí, nos encanta que los demás sepan de qué estamos hablando, cómo pensamos, y lo decimos bien alto. Y los niños, claro, nos imitan. Sobre todo cuando nadie les ha dicho nunca que se puede hablar de forma natural, sin que se entere el de al lado, que ese ruido puede molestar. Seguro que algún niño se queda desconcertado al saber tal cosa pues nadie jamás se lo habrá dicho antes.

Si alguien, en algún lugar, después de leer este post, le dice a algún niño que se puede hablar un poquito -sólo un poquito- más bajo, me daré por satisfecha. Así, seguro que las raras personas que se bajan libros para leer al borde de la piscina, podrán concentrarse un poquito.

lunes, 12 de agosto de 2013

VERANO 2013 (1)


A la vuelta de mis vacaciones del 2010, escribí una especie de carta a los amigos para relatarles mis aventuras de aquel verano (entonces poca gente conocía mi blog). Este año, para no repetirme, lo haré en forma de fotos. Claro que al siguiente, la repetición será inevitable. No os cansaré mucho: unas cuantas fotos con un pequeño texto debajo. Al menos esa es mi intención, ya veremos si la cumplo. 

Una tarde antes de las vacaciones, en Toledo. El sol da ya tenue en las fachadas y en una torre del alcázar. En el cielo, a esa hora, los vencejos aprovechan para alimentarse con frenéticas y repetidas pasadas.

Desde la misma terraza anterior, la torre de la catedral. El sol se iba escondiendo.

La catedral luce ya encendida y nosotros empezamos la charla, que se prolongará.
Así estaba mi geranio antes de salir de viaje, a la vuelta lo encontré bastante desmejorado, a pesar de los esfuerzos de mi hijo, que estuvo yendo a regar.




Para no dar demasiado trabajo, antes de irme amontoné todas las plantas en una terraza, así no tuvo que recorrer toda la casa.










Nuestra primera salida fue una semanita corta a Conquista con mis preciosas nietas. Como pillamos algún día fresco, hicimos excursiones a los pinos, nos subimos a los riscos de granito y vimos el pueblo y la dehesa desde allí. También presenciamos una boda (celebrada en la plaza de toros ¡buen uso!) y nos bañamos en la estupenda piscina.


En este viaje paramos aquí en este bar para tomar un café, se estaba bien en la sombreada terraza y las niñas se entretuvieron con los gorriones.


 Llegamos a Conquista los últimos días del mes de junio y muchas casas estaban cerradas.



Así como la iglesia



También visitamos un huerto y algunos animales aunque con el calor cuando íbamos a verlos estaban casi todos durmiendo (por ejemplo, las ovejas).

Al fondo pueblo y, más al fondo, sierra. Delante pinos y, rodeándolo todo, dehesa


Daniela se columpia


Leo se disfraza con antiguos vestidos de su abuela, (detrás)


Boda en la plaza de toros


























Yo quería enseñar a mis nietas a no pisar el césped pero con frecuencia me encontraba el paso cortado por los coches en el paseo y no nos quedaba más remedio que atravesarlo. Tengo muchas fotos de éstas. Casi una por día, eso sí, los modelos de coches, motos, furgonetas, varían.









Y para terminar esta primera semana corta, esta bucólica imagen de las cigüeñas al anochecer.

***

Efectivamente. Tal como me temía no voy a cumplir mi propósito porque se me hace latoso, lento y aburrido y he vuelto muuuuuy perezosa.
Seguiré en otro momento.