sábado, 21 de marzo de 2015

TORRE DEL MAR (MÁLAGA)

La luna llena se acaba de asomar




Mis dos últimos post han sido sobre cine, pero entremedias de una y otra película ha habido un viaje a Málaga, concretamente a Torre del Mar. No conocía el lugar, aunque sí otros cercanos de esa misma costa. Al no ser siquiera municipio y depender del próximo Vélez-Málaga, pensé en una población más bien pequeña. En absoluto: tiene mercado, salas de cine, centro médico, hogar de la tercera edad (por cierto con animados bailongos a las cinco de la tarde), además de hoteles, muchos apartamentos de alquiler, muchas líneas de autobuses urbanas e interurbanas, etc., etc., lo típico de una población costera de cierta importancia.

En la foto se aprecia un poco la gran bahía de su playa, con arena y piedrecitas oscuras (cogimos una colección preciosa de piedras blancas planas), como toda la zona.

El motivo del viaje era poder disfrutar de unos amigos que pasarían allí una semana viajando con el Imserso. Estos viajes son muy útiles: dispones de un buen hotel, con desayuno y cena y el resto del día lo aprovechas para hacer turismo. Nosotros elegimos un recién estrenado apartamento en pleno centro de la población y nos uníamos al grupo para pasar el día juntos después del desayuno. Íbamos andando, ya que la distancia al hotel, situado en la orilla del mar, no era larga.

Vivir en el centro de las ciudades, sobre todo si son pequeñas, tiene infinidad de ventajas, aunque es verdad que la época del año, con todavía pocos turistas, hacía que éstas aumentaran. Todo está a mano y el mar a un paso. Encontrábamos aparcamiento en la misma calle... ¡no quiero pensar cómo estaría en julio o agosto! pero era marzo y nosotros nos aprovechamos: del precio y la ubicación.

El grupo de amigos llegábamos a la docena aunque, como íbamos por libre, raramente coincidíamos todos. Me encanta la libertad de, aun yendo en grupo, que cada uno haga su elección y que nadie se sienta molesto.

Uno de los días dedicamos la mañana al mercadillo, curioseando entre sus puestos, para terminar con un aperitivo junto al mar.






Y teniendo Málaga al lado, pues lo lógico era...¡ir a la capital! Había visitado recientemente el museo Picasso, así que esta vez tocó el Carmen Thyssen. Su colección permanente está 

dedicada al siglo XIX, con gran variedad de artistas y motivos andaluces.

A la salida, un grupo se dirigió al CACMALAGA (Centro de Arte Contemporáneo) y otros (entre los que me encontraba) a dar un buen paseo por el centro. Mi vista y mi cabeza son incapaces de absorber el contenido de dos museos en una misma mañana.


El día estaba nublado e incluso llegó a lloviznar en algún momento, pero la temperatura era templada y nos permitió un largo paseo, así abríamos el apetito para la rica comida que nos recomendaron en un restaurante cuyo nombre he olvidado (y no debería).

Tampoco podíamos dejar de visitar los alrededores. La comarca donde se encuentra Torre del Mar se llama Axarquía, va desde el límite de la provincia de Granada hasta casi la capital, Málaga, y se adentra en las montañas. Nosotros nos dedicamos a recorrer la sierra
de Tejeda y sus pueblecitos. Os dejo algunas fotos aquí.



Fue una semana que transcurrió en un suspiro.




martes, 17 de marzo de 2015

MAGICAL GIRL

La casualidad ha querido que, dos entradas seguidas, hablen de cine.

Esta semana he cambiado el día de cine. El martes tenía una  cita y no quería perderme la película que no vi en su momento, así que adelanté al lunes la asistencia al cineclub. Últimamente, con tanto desplazamiento, no sé siquiera si la llegaron a estrenar aquí en los cines comerciales pues la fama que la precedía era de "rarita". Hablo, claro, de Magical Girl. Yo misma tenía mis prevenciones, deducidas quizá por algunas imágenes vistas en la gala de los Goya, que este año no me perdí y disfruté hasta el final. No sé si Dani Rovira, el presentador, tuvo algo que ver, creo que sí.

No os voy a hacer la crítica, creo que no es misión de este blog, mi blog personal (aunque haya excepciones), pero sí quiero transmitiros mi sensación. 

Para saber qué han dicho sobre ella los críticos os pongo un link a continuación:   http://www.filmaffinity.com/es/film764231.html

Ahí encontraréis lo que han dicho sobre ella los expertos, desde Boyero hasta Luis Martínez. Yo no he leído ninguna completa, simplemente sólo la frase entresacada como resumen por filmaffinity de cada una de ellas.

Pero la sensación que quiero transmitiros es la que me acompañaba anoche a la salida de la sala, antes de haber visto ni leído nada, ya sabéis que me gusta ir desprovista de opiniones que puedan influirme. 

Salí pletórica. Creo que es una película redonda, perfecta. No se le puede poner ni una sola pega al trabajo de los actores, están impecables desde el primero hasta el último y os aseguro que en este asunto soy muy exigente. Este trabajo de los actores, independientemente de sus cualidades personales, sólo lo consigue un extraordinario director. Tenemos muchas pruebas de cómo un mismo actor, según quién lo dirija, trabaja de una u otra manera.

 Estuve toda la película en tensión, expectante; excepto claro está en los primeros minutos, donde el director empieza a mostrar a los personajes. Pero ni en esos había tranquilidad pues los momentos en que la protagonista toma al bebé en brazos, antes de que ésta hable, se adivina la posible tragedia, igual que en la escena de la clase, con Bárbara niña, el desasosiego se instala en el estómago.

Hace mucho tiempo que no recordaba haber salido de una película tan satisfecha, tan contenta y mucho más pensando que esta película es española.

sábado, 21 de febrero de 2015

EL FRANCOTIRADOR

 El francotirador
Ayer estuve viendo “El francotirador”, de Clint Eastwood. No me gustan las películas de guerra o bélicas, ni las violentas en general. Fui porque me apetecía estar un rato con unos amigos, sobre todo pensando en el “after”: vino, tapitas, comentarios sobre la peli, intercambio en definitiva.

Yo, en contra de lo que dice Carlos Boyero (http://elpais.com/elpais/2015/02/19/videos/1424374726_511630.html) no me quedé como un glaciar viendo la película. (Es la única frase que retuve al ver de refilón su crítica, no la leí porque me gusta ir a ciegas al cine). Sentí, sufrí, me intranquilicé y tuve los nervios a flor de piel en más de una ocasión, sobre todo en la última escena semierótica de la pareja jugando con una pistola de por medio. Que no nos guste lo que vemos no quiere decir que no exista. Existe y eso es lo que quiere transmitir Easwood.

 Quizá tengan razón aquellos que tachan la película de patriotera y belicista, pero yo creo en cambio que Eastwood ha dicho lo que quería decir; es decir, mostrarnos a un americano medio, sin mucha inteligencia ni preparación pero buena persona y patriota, que se guía por las máximas que su padre le enseñó, sin cuestionarlas ni apartarse de ellas, no da para más.  Eso lo ha conseguido. También ha conseguido transmitir (por lo menos a mí) la sensación persistente  del recuerdo de la guerra. Comprendes perfectamente que cuando te llevas un montón de horas mirando por un visor todos los movimientos enemigos a tu alrededor, al  dejar el escenario de la guerra, no puedas quitártelo de la cabeza, ni eso ni los ruidos que durante días han golpeado  continuamente tu cabeza.
Eastwood no toma partido creo yo, en contra de lo que se le ha achacado. Muestra al personaje dudar en más de una ocasión (con un niño, con una mujer); sólo cuando está seguro de que van a atacar a los suyos, mata. Es la guerra y está allí para eso. Esto no lo defiende el director. Así actúa el personaje y él lo muestra. No he leído la biografía sobre Chris Kyle, considerado héroe americano, por tanto no sé cuánto se aparta de ella el guión de la película.


Lo que sí pone de manifiesto el director, aunque no esté explicitado, es el horror y el absurdo de la guerra, de todas las guerras. Yo al menos salí con esa impresión, claro que es verdad que ya la llevaba al entrar.

http://www.filmaffinity.com/es/film941942.html

sábado, 10 de enero de 2015

COCITORIO


Es sorprendente cómo a veces un término, igual que un sabor o un olor, te transporta a un momento, una situación, una atmósfera.

Mi madre utilizaba mucho la palabra "cocitorio". Ella era de salud delicada y siempre tomó tisanas para sus males. Para ella la palabra "infusión" no existía, era una tila, una manzanilla, un poleo, una yerbaluisa, eucalipto... o un cocitorio, es decir una o varias  yerbas  aromáticas cualesquiera puestas en agua y dadas un hervor. No había posibilidad de malinterpretar el vocablo o confundirlo con otro. Creo que era el modo general en que en mi pueblo se llamaba a las infusiones, al menos en nuestra familia.

He mirado en el diccionario de la Rae pero no aparece y tampoco en el de María Moliner.

El otro día estaba acatarrada, con las defensas un poco bajas. Entonces sentí la necesidad de un mimito, por un momento me sentí "hija" e inmediatamente me acordé de la solicitud de mi madre en esas circunstancias. En el mismo instante, la constatación dolorosa de su definitiva ausencia y la rememoración de la palabra "cocitorio". Me levanté del sofá y fuí a la cocina a hacerme una infusión con las yerbas que tenía.



miércoles, 31 de diciembre de 2014

BALANCE

Incógnita. Dónde nos llevará?




Yo no soy muy amiga de los balances, resúmenes, ni de tomar medidas y/o hacer cambios radicales de un año para otro, pero si tenemos en cuenta lo que nos proponen por todos los sitios, ya sean medios de comunicación escritos o hablados (tv, radio), además de los vídeos y mensajes de todo tipo enviados a través de correos electrónicos, wasap, etc., a estas alturas del año parece que se impone hacer un pequeño examen de conciencia y elaborar, siquiera sea mentalmente, una serie de propósitos para el año próximo.

A mí personalmente siempre me ha parecido que lo nuevo, los cambios de verdad, si existen, empiezan a la vuelta de las vacaciones de verano, comienzo de curso, etc., creo que es esa fecha la que realmente marca un tajo y no esta en la que estamos, más bien de continuación, pero allá vamos.

Una de mis intenciones desde hace bastantes años y en todas las épocas es bajar un poco de peso y, otra, mucho más antigua, dejar definitivamente el tabaco porque, aunque es verdad que ahora me paso las semanas enteras sin fumar (incluso los meses, dependiendo de las épocas) en otras, basta que esté de tertulia o cervezas con algún fumador al lado para que vuelva a caer, aunque sea sólo con un par de cigarrillos. Si estas situaciones se repiten con frecuencia empiezo a embalarme otra vez hasta que vuelvo a cortar radicalmente. Esto dura ya por los menos quince o veinte años. A estas dos determinaciones llamémosle generales, habría que añadirle “lo del inglés”, definitivamente dado de lado.

Luego, pequeñas cosas: no impacientarme con los torpes conduciendo, con los que no toman debidamente las rotondas, con los que no les dicen a sus hijos que no se grita, que no se tira nada al suelo, que no se arrancan las plantas ni se doblan los árboles… (no quiero hablar aquí de las cacas de los perros ni de sus dueños porque no tengo ganas de cabrearme).

Y más: no volver a ver una peli en ninguna cadena de tv donde corten por anuncios, no ponerme en el cine al lado de los que tengan muchas bolsas llenas de comida, no ir a ver ninguna peli sin haber leído antes aunque sea de refilón alguna crítica sobre ella.

Y ya que estamos en estas fechas, dos firmes decisiones para el año que viene que tienen que ver con los ocurrido estos días:


Una es dejar los juguetes colocados en un sitio seguro, cerrado y no al alcance de los niños, para hacerlos aparecer en el momento preciso.

Este año se nos ocurrió ponerlos en una habitación aislada pero sin llave para, en un momento determinado después de la cena gritar: ¡han llegado los reyes! Desde la llegada a casa de los hijos, durante el tiempo de los saludos, los primeros vinos, cervezas, aperitivos…  los niños están correteando por la casa hasta que, mucho más tarde, nos sentamos a la mesa y yo tengo el corazón continuamente en vilo pensando que en algún momento van a pasar a la habitación “ocupada”.

Y hablando de estos días también me he propuesto firmemente no volver a comprar marisco  para hacerlo a la plancha en el último momento. ¿Por qué cometo ese error año tras año teniendo en cuenta que en casa preferimos el marisco hervido? Será porque esa noche es “especial”.

lunes, 20 de octubre de 2014

MI AMIGO BERNARDO

A mi amigo Bernardo en realidad lo llamo Bernard y, más que mío, es amigo de Daniel, mi marido. Bueno, lo fue. Lo fue y lo sigue siendo. Quiero decir que primero se conocieron ellos y, luego, más tarde, lo conocí yo. 
La primera foto que nos hizo Bernard, cuando experimentaba con la luz.
Bernardo es un jerezano de raza que puede matar si te oye pedir una manzanilla en lugar de un jerez a la hora del aperitivo. 
Desde que se jubiló (y antes) está rodando por el litoral gaditano, pero sin moverse muchos kilómetros, siempre entre la costa de Baelo Claudia y Algeciras, pasando por Facinas, Valdevaqueros, Punta Paloma, Tarifa y Pelayo. En todos esos sitios lo hemos visitado. La verdad es que no hemos dejado nunca de vernos, ya en Córdoba, Huelva, Cádiz, Málaga, Madrid, Toledo, Sevilla, Albacete, Gibraltar...

Hemos sido algunas veces cuatro pero la mayoría de las veces fuimos y seguimos siendo tres. Y casi siempre nos acompañó su perrita Coca; incluso en las excursiones en barco cuando ellos intentaban pescar, era una más.

La adorable Coquita
Playa de Punta Paloma, donde tantas veces hemos jugado con su perrilla Coca.



Bernard es ingeniero técnico de minas, pero eso lo hizo para contentar a su padre, creo yo. Enseguida se dedicó a la fotografía comercial, industrial... hasta que acabó enseñando dibujo en la escuela de artes y oficios de Jerez, de la que luego fue director hasta su jubilación.
Hace unos años creó un Taller municipal de artes plásticas y él mismo se ha metido a indagar en ese campo y por eso, este año, ha presentado su primera exposición.
Así que, en este largo verano loco lleno de viajes, hemos hecho dos para ver a Bernard, primero para conocer los preparativos de la exposición que tan excitado lo tenía y segundo para acompañarlo en la inauguración.
Bernardo Collado llamó a su exposición "Deambulando por la creación" y la presentó en el castillo de Guzmán el Bueno en Tarifa, durante los meses de julio y agosto.
Mi amigo se ha decantado por el acrílico y los formatos intermedios. Ha  buceado en texturas, estilos, temáticas y colores, intentando abarcar todas las facetas del arte actual. Se propuso un reto y lo consiguió.
Última foto hecha por mí a Bernard en la escalera de Caixa Forum
.
Y aquí os dejo un par de fotos de su obra para que aprecieis su arte.
Big Bang



Pequeño árbol de la vida








sábado, 27 de septiembre de 2014

LARGO VERANO














Me despedí de vosotros hace mucho tiempo, a principios de mayo, y, con la excepción de un artículo que tenía para otra publicación y decidí poner en este sitio en agosto, desde otro ordenador y sin saber siquiera si iba a salir bien, no he pisado por aquí.

Confieso que me fui sin muchas ganas de volver, pero al poco empecé a echar de menos escribir, mas, como el hombre es un animal de costumbres y yo, que antes garabateaba cualquier papel y lo guardaba, ahora soy incapaz de poner algo en pie si no es aquí, en mi ordenador, mis documentos, manuela, textos... pues me he pasado todos estos meses de vacaciones "escribidoras", que diría Vargas Llosa.

Este ha sido un largo verano fuera del hogar habitual, lleno de idas y venidas, y culpable de una ausencia que no quería tan prolongada.

Al poco de partir, empecé varios proyectos, todos mentales, que se quedaban ahí. Para no olvidar esas quiméricas intenciones empecé a sacar fotos como una posesa. Las fotos suplirían las notitas de otros tiempos, haciendo de recordatorio. 

Así, he tomado fotos de todos aquellos lugares que he visitado o revisitado, paseando, en coche, en tren, en barco, desde un ascensor, fotos de amaneceres, atardeceres, puestas de sol, nubes, nubes blancas, grises, más oscuras amenazadoras de tormenta, arcoíris tomados rápidamente desde la ventanilla de un coche, triunfales y completos sobre el mar, incluso dobles, fotos de súbitas nieblas vespertinas los primeros días de septiembre, fotos de pájaros, flores, plantas, arbustos, árboles, parques, reuniones de amigos, mesas, tapas, bares, restaurantes, chiringuitos, fotos de la hermandad de Punta Umbría saliendo para el Rocío, de la procesión marítima de la virgen del Carmen, fotos en el mercado, fotos a la compra en casa, fotos a lo cocinado, a las bebidas frías, espumosas cervezas, humeantes infusiones, helados y transparentes vinos blancos, tintos carmesíes, artísticos postres, entradas, aperitivos... y también fotos a la familia, a los amigos, a los carteles curiosos, a esas lunas llenas entrevistas entre las ramas de los pinos, en fin, a todo, queriendo capturar cada momento para intentar retenerlo y trasladar aquí alguna de esas vivencias.

Pero el verano pasó y ahora no vendría muy a cuento hablar de las sensaciones del sol de agosto en la piel, o de las caminatas por la orilla cuando la marea está baja y la consistencia de la arena es la adecuada. De lo molesto de las voces de la gente de alrededor de tu sombrilla mientras intentas en vano leer o, simplemente, relajarte.

Quizá cuando reorganice la montaña de fotos traiga algo de eso aquí o, quizá no, quizá se quede dentro, como esa alegría íntima y gozosa de los ratos con buenos amigos reencontrados.